La guerra entre Estados Unidos e Irán atraviesa uno de sus momentos más delicados desde la reanudación de las hostilidades. El presidente Donald Trump confirmó que aún no decidió si ordenará una ofensiva militar de mayor alcance contra la República Islámica, aunque dejó claro que esa posibilidad continúa sobre la mesa mientras Washington mantiene contactos diplomáticos con Teherán.
Durante declaraciones en la Oficina Oval, el mandatario afirmó que percibe una mayor disposición iraní para negociar, motivo por el cual decidió posponer una eventual operación de gran escala. Sin embargo, advirtió que, si no prosperan las conversaciones, Irán podría enfrentarse a «un nivel mayor» de ataques.
El presidente estadounidense evitó precisar cuál sería el punto de quiebre para ordenar una nueva ofensiva, aunque reiteró que su principal línea roja sigue siendo el eventual desarrollo de un arma nuclear por parte de Irán.
La administración estadounidense sostiene que su campaña militar busca garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más importantes para el comercio mundial de petróleo y gas, luego del bloqueo impuesto por Teherán.
Por primera vez en casi dos semanas, el Pentágono no informó nuevos bombardeos sobre territorio iraní durante la noche del viernes, un hecho interpretado como una posible pausa táctica mientras continúan los contactos diplomáticos.
Lejos de mostrar señales de retroceso, las autoridades iraníes endurecieron su discurso.
El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohamad Baqer Zolqadr, aseguró que los ataques contra intereses estadounidenses continuarán «hasta la rendición total del enemigo». Según el funcionario, las operaciones buscan responder a los bombardeos estadounidenses y vengar a las víctimas civiles que, según Teherán, dejó la ofensiva iniciada meses atrás.
En los últimos días, Irán reivindicó ataques con misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en Baréin, Jordania y Kuwait. Washington confirmó que esos ataques provocaron la muerte de cuatro soldados estadounidenses, mientras que Teherán asegura haber sufrido decenas de bajas durante la actual escalada.
El conflicto también se intensificó fuera del territorio iraní.
Los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Teherán, reivindicaron un ataque con misiles contra la ciudad saudita de Jizan, pocas horas después de que Arabia Saudita bombardeara posiciones del grupo en la provincia portuaria de Hodeida.
Riad respondió tras denunciar ataques contra un buque saudita en el mar Rojo, una ruta que ha adquirido mayor importancia debido al bloqueo del estrecho de Ormuz. Los hutíes habían anunciado días antes un bloqueo marítimo contra los puertos sauditas en esa zona.
La ampliación de los enfrentamientos incrementa el riesgo para el transporte marítimo internacional y para el suministro energético global, al involucrar dos de las principales rutas comerciales de hidrocarburos del mundo.
En paralelo, la Casa Blanca confirmó que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se reunirá con Donald Trump el próximo martes en Washington.
El encuentro se desarrollará en medio de la creciente coordinación entre ambos gobiernos frente a la crisis regional y podría definir los próximos pasos de la estrategia occidental en Oriente Medio.
Aunque Trump reiteró que las conversaciones con Irán siguen abiertas, reconoció que todavía no considera que exista un escenario propicio para alcanzar un acuerdo definitivo.
Otro de los ejes de las declaraciones del presidente estadounidense fue el papel de China y Rusia.
Trump aseguró que confía en las garantías ofrecidas por Xi Jinping y Vladimir Putin de que ninguno de los dos países está suministrando armamento a Irán. No obstante, advirtió que una eventual participación militar de ambas potencias tendría consecuencias negativas para sus relaciones con Estados Unidos.
Mientras tanto, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, mantuvo un encuentro con su homólogo iraní, Abás Araqchi, para insistir en la necesidad de reactivar las negociaciones y reducir la tensión en la región del Golfo.
La guerra, que inicialmente fue presentada por Trump como una campaña de pocas semanas, se acerca ya a su quinto mes sin señales de una resolución inmediata.
Con ataques cruzados, amenazas de nuevas ofensivas y múltiples frentes abiertos desde el Golfo Pérsico hasta el mar Rojo, el conflicto continúa elevando la incertidumbre internacional y mantiene en vilo a los mercados energéticos y a la comunidad diplomática, mientras Washington y Teherán alternan entre la presión militar y los intentos de negociación.
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