
La guerra entre Estados Unidos e Irán volvió a intensificarse este lunes con una nueva oleada de bombardeos estadounidenses sobre territorio iraní, mientras Teherán respondió con ataques contra objetivos en países vecinos aliados de Washington y, al mismo tiempo, aseguró que mantiene abiertos los canales diplomáticos para intentar contener una escalada aún mayor.
El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) informó que la nueva ofensiva comenzó durante la noche del domingo y forma parte de una campaña destinada a debilitar las capacidades militares iraníes utilizadas para atacar la navegación comercial en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el suministro mundial de petróleo.
Las autoridades iraníes denunciaron que los ataques alcanzaron distintas zonas del país. En Tabriz se reportó al menos una persona fallecida y varios heridos, mientras que en Urmia también hubo víctimas por nuevos bombardeos. Además, Teherán afirmó que instalaciones vinculadas al sector nuclear, entre ellas la central de Darkhovin, aún en construcción, fueron alcanzadas durante las operaciones.
El presidente Donald Trump defendió los recientes ataques y afirmó que representan un homenaje a los militares estadounidenses muertos durante los últimos días en acciones atribuidas a Irán y a grupos aliados en la región.
Desde el reinicio del conflicto a finales de febrero, Estados Unidos ha sufrido la muerte de 17 efectivos militares en distintos escenarios de Oriente Medio, según cifras oficiales. Del lado iraní, el último balance difundido por Teherán habla de al menos 50 fallecidos y más de 500 heridos desde la reanudación de las hostilidades a comienzos de julio, aunque esas cifras podrían aumentar con los nuevos ataques.
La escalada terminó además por derrumbar el entendimiento alcanzado entre ambos países el pasado 17 de junio, cuando un protocolo de acuerdo había abierto la posibilidad de iniciar conversaciones de paz. La reanudación de las operaciones militares dejó ese proceso prácticamente sin efecto.
A pesar de la intensidad de los combates, el gobierno iraní aseguró que continúan los intercambios indirectos con Washington mediante países mediadores.
El portavoz del Ministerio de Exteriores, Esmail Baqaei, confirmó que el aparato diplomático permanece activo y que Teherán ha recibido mensajes a través de intermediarios, aunque evitó revelar detalles de esas conversaciones. Pakistán, Catar y Omán continúan desempeñando un papel clave como facilitadores del diálogo entre ambas partes.
Sin embargo, las negociaciones avanzan en paralelo a una creciente actividad militar. Durante la madrugada, Irán lanzó nuevos ataques con drones contra Kuwait y Baréin, dos aliados estratégicos de Estados Unidos en el Golfo. En Baréin se activaron las sirenas antiaéreas y se escucharon explosiones, mientras que las Fuerzas Armadas kuwaitíes informaron haber interceptado drones hostiles.
Los Guardianes de la Revolución también afirmaron haber atacado instalaciones militares estadounidenses en Siria y aseguraron haber destruido aeronaves en el aeropuerto jordano de Aqaba, declaraciones que no fueron confirmadas por Washington.
Uno de los principales focos del conflicto continúa siendo el estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra transitaba aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos.
Irán reiteró que está dispuesto a adoptar todas las medidas necesarias para proteger su soberanía y evitar que esa vía marítima sea utilizada para amenazar sus intereses nacionales. En paralelo, Estados Unidos reforzó la presión sobre la navegación en la zona y el secretario de Estado, Marco Rubio, llamó a la comunidad internacional a coordinar esfuerzos para garantizar la seguridad del transporte marítimo.
La tensión aumentó aún más cuando la agencia británica UKMTO informó que un buque se encontraba en llamas cerca del estrecho de Ormuz. Poco después, los Guardianes de la Revolución aseguraron que dos embarcaciones que intentaban cruzar la zona explotaron y fueron detenidas, aunque las circunstancias del incidente permanecen bajo investigación.
La incertidumbre volvió a impactar de inmediato sobre los mercados energéticos y el barril de Brent superó nuevamente los 90 dólares, reflejando el temor de los inversores ante una posible interrupción prolongada del suministro mundial.
En otro frente de tensión, Irán reaccionó a las declaraciones de Donald Trump sobre una eventual operación terrestre para capturar la estratégica isla de Jark, principal terminal de exportación petrolera del país.
El portavoz de la cancillería iraní aseguró que existen personas en esa zona «esperando» una eventual llegada de tropas estadounidenses y advirtió que cualquier intento de ocupación tendría «graves consecuencias». La isla, situada frente a la costa del Golfo Pérsico, concentra alrededor del 90% de las exportaciones de petróleo iraní y constituye uno de los objetivos estratégicos más sensibles del conflicto.
Trump había sugerido en días recientes que una intervención terrestre podría ser considerada si las operaciones aéreas logran debilitar suficientemente la estructura militar iraní, una posibilidad que incrementa la preocupación internacional por el riesgo de una confrontación directa de mayor escala.
Con los bombardeos aún en marcha, las represalias cruzadas y unos contactos diplomáticos que no terminan de traducirse en avances concretos, el conflicto continúa desarrollándose en un delicado equilibrio entre la guerra abierta y la búsqueda de una salida negociada.
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