
China dio un paso sin precedentes en la regulación de la inteligencia artificial al prohibir desde este miércoles los chatbots diseñados para actuar como parejas sentimentales o familiares virtuales. La medida obliga a las principales empresas tecnológicas del país a eliminar estas funciones, con el argumento de proteger la salud mental de los usuarios y prevenir la dependencia afectiva.
La decisión convierte a China en la primera gran economía que establece normas específicas contra las aplicaciones de IA capaces de simular vínculos románticos, una tecnología cuyo uso se ha expandido rápidamente en distintos países.
La nueva normativa afecta a sistemas de inteligencia artificial que mantienen conversaciones con rasgos de personalidad, expresan emociones o recrean relaciones similares a las de un novio, una novia o un familiar.
En respuesta a la regulación, compañías como ByteDance, Alibaba y Tencent desactivaron las funciones de acompañantes virtuales en sus plataformas antes de la entrada en vigor de las nuevas reglas.
En cambio, los servicios de inteligencia artificial destinados al estudio, la productividad, la atención al cliente o el trabajo continuarán funcionando con normalidad, ya que no están considerados herramientas de interacción emocional.
Las autoridades chinas sostienen que estos sistemas no deben fomentar relaciones que sustituyan los vínculos humanos.
Las nuevas reglas establecen que las plataformas no podrán diseñar experiencias que «complacen en exceso a los usuarios», induzcan dependencia emocional o afecten negativamente las relaciones personales en la vida real.
Además, deberán incorporar mecanismos capaces de detectar estados emocionales extremos y activar protocolos de intervención cuando identifiquen posibles situaciones de crisis psicológica.
La regulación también prohíbe ofrecer parejas virtuales a menores de edad y limita los contenidos que puedan vulnerar otras disposiciones legales del país.
La desaparición de los llamados «novios virtuales» provocó una intensa reacción en redes sociales chinas.
Miles de usuarios compartieron conversaciones, capturas de pantalla y mensajes de despedida dirigidos a sus asistentes de inteligencia artificial antes de que las funciones fueran eliminadas.
Algunas personas describieron a sus compañeros virtuales como un apoyo emocional cotidiano.
Una usuaria afirmó que su chatbot se había convertido en «su pilar espiritual», mientras que otra, que aseguró haber interactuado con su acompañante durante más de dos años, expresó que sentía «un vacío» al conocer que desaparecería.
Las plataformas permitirán durante un período limitado que los usuarios descarguen o exporten el historial de conversaciones antes de eliminar definitivamente estos servicios.
La decisión llega en un momento de fuerte crecimiento de la industria de los llamados «humanos digitales», avatares impulsados por inteligencia artificial capaces de conversar, mostrar emociones y mantener interacciones cada vez más naturales.
Según datos oficiales chinos, este mercado alcanzó un valor cercano a 600 millones de dólares en 2024, con un crecimiento interanual del 85 %.
La tecnología ya se utiliza para atención comercial, educación, entretenimiento, asistencia a personas mayores y creación de presentadores virtuales, además de aplicaciones enfocadas en la compañía emocional.
Aunque China es el primer país en regular específicamente las relaciones afectivas con inteligencia artificial, la preocupación trasciende sus fronteras.
Estudios recientes muestran que millones de personas, especialmente adolescentes y jóvenes, utilizan asistentes conversacionales para mantener relaciones personales, buscar apoyo emocional o combatir la soledad.
Aplicaciones capaces de simular amistades, parejas o incluso familiares han ganado popularidad en distintos mercados, impulsando un debate sobre los beneficios de estas herramientas para aliviar el aislamiento y los riesgos de que sustituyan las relaciones humanas.
Expertos en psicología y tecnología advierten que la inteligencia artificial puede convertirse en un recurso útil para acompañar a personas solas, pero coinciden en que también puede favorecer vínculos de dependencia si no existen límites claros.
La decisión de China podría convertirse en un precedente para otros gobiernos que analizan cómo regular una tecnología que evoluciona más rápido que las leyes y plantea nuevos desafíos éticos y sociales.
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