
La recuperación del tránsito comercial por el estrecho de Ormuz comenzó a reflejarse con fuerza apenas una semana después del acuerdo preliminar entre Irán y Estados Unidos para consolidar el alto el fuego en Oriente Medio. El lunes atravesaron este estratégico corredor marítimo al menos 35 buques cargados con materias primas, la cifra más alta desde el inicio del conflicto y un indicador de que el comercio internacional empieza a recuperar una de sus rutas más sensibles.
Aunque el volumen todavía está lejos de los niveles habituales previos a la guerra, la reapertura del estrecho representa un alivio para los mercados energéticos y para las cadenas globales de suministro, que durante meses convivieron con el riesgo de un bloqueo prolongado.
Los datos de la plataforma especializada Kpler muestran un cambio de tendencia marcado.
Entre el 1 de marzo y el 14 de junio, en pleno conflicto, menos de diez buques de materias primas cruzaban diariamente el estrecho. Desde el anuncio del memorando de entendimiento entre Washington y Teherán, el promedio ascendió a 21 embarcaciones por día y en los últimos cinco días alcanzó las 27.
El registro de 35 barcos en una sola jornada constituye el mayor movimiento comercial desde que comenzaron las hostilidades y confirma que las compañías navieras empiezan a recuperar la confianza para utilizar una ruta por la que circula una parte sustancial del comercio mundial de petróleo, gas natural licuado y otros productos estratégicos.
Aun así, el tráfico continúa muy por debajo de la normalidad. Antes de la guerra, alrededor de 120 embarcaciones atravesaban diariamente este estrecho que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico.
El embajador iraní ante Naciones Unidas en Ginebra, Ali Bahreini, confirmó que el estrecho permanece completamente abierto para la navegación comercial y aseguró que, durante los 60 días previstos para negociar un acuerdo definitivo con Estados Unidos, ningún buque deberá pagar tasas para transitar por la vía marítima.
Sin embargo, dejó claro que esa situación podría modificarse una vez concluya el proceso de negociación.
Según explicó, la guerra cambió la visión estratégica de Teherán sobre el estrecho de Ormuz, al considerar que fue utilizado para abastecer bases militares desde las que posteriormente se lanzaron operaciones contra territorio iraní.
Por ese motivo, sostuvo que el funcionamiento del corredor «no volverá a ser igual que antes de la guerra», aunque evitó precisar qué medidas concretas estudia el Gobierno iraní.
Irán comparte la administración del estrecho con Omán, país con el que prevé discutir un nuevo esquema de funcionamiento una vez concluyan las negociaciones con Washington.
Bahreini descartó que el objetivo sea convertir el paso marítimo en una fuente de ingresos mediante el cobro de peajes a las embarcaciones comerciales. No obstante, reconoció que ambos países evaluarán qué disposiciones serán necesarias para garantizar la seguridad de la zona en el nuevo escenario regional.
Las futuras reglas también podrían afectar el tránsito de embarcaciones militares, un aspecto que quedó deliberadamente fuera del acuerdo provisional.
Como parte del entendimiento alcanzado entre ambos gobiernos, Estados Unidos autorizó temporalmente las transacciones vinculadas con la producción, venta y transporte de hidrocarburos iraníes.
La medida permitirá que la denominada «flota fantasma» de petroleros utilizada por Irán para eludir las sanciones internacionales vuelva a operar con mayor libertad mientras continúan las negociaciones.
Washington también inició el proceso para descongelar 12.000 millones de dólares en activos iraníes retenidos en el exterior, aunque persisten diferencias sobre el control y el destino de esos fondos.
Pese a los avances diplomáticos, el frente nuclear continúa siendo uno de los principales puntos de conflicto.
Durante su intervención en Ginebra, Bahreini volvió a negar que Irán haya aceptado permitir nuevas inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica en las instalaciones nucleares dañadas durante la guerra.
El diplomático afirmó que cualquier versión en ese sentido es «incorrecta» y aseguró que todavía no existen negociaciones sustanciales sobre ese asunto, una declaración que contradice las afirmaciones realizadas por el vicepresidente estadounidense JD Vance tras la primera ronda de conversaciones en Suiza.
La discrepancia confirma que, aunque el alto el fuego permitió reabrir el estrecho de Ormuz y reducir la tensión militar, las negociaciones aún deberán superar diferencias profundas antes de alcanzar un acuerdo definitivo.
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