
Guatemala encendió las alarmas ante el avance de la sequía y las altas temperaturas. Las autoridades de protección civil decretaron la alerta amarilla en todo el país como medida preventiva frente a un escenario climático que amenaza con agravar la escasez de agua, afectar cultivos y disparar el riesgo de incendios forestales durante los próximos meses.
La decisión fue adoptada por la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, conocida como Conred, luego de evaluar informes técnicos y proyecciones meteorológicas nacionales e internacionales. El organismo aclaró que la medida busca fortalecer la capacidad de respuesta institucional y preparar a las comunidades más vulnerables ante posibles emergencias climáticas.
Aunque todavía no se confirmó oficialmente la formación del fenómeno de El Niño, especialistas del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología advirtieron que existe una probabilidad muy alta de que se desarrolle este año y provoque un período prolongado de sequía en Centroamérica.
Las previsiones apuntan a que al menos 18 de los 22 departamentos de Guatemala podrían sufrir una marcada disminución de lluvias entre junio y agosto. El impacto sería especialmente severo en el llamado Corredor Seco, una extensa franja territorial del este y noreste del país donde miles de familias dependen de la agricultura de subsistencia.
En varias comunidades ya se reportan pérdidas de cultivos debido a la falta de precipitaciones y al aumento sostenido de las temperaturas. Productores agrícolas temen que el escenario empeore durante las próximas semanas si no llegan lluvias regulares.
La Conred pidió a las autoridades locales reforzar las medidas de prevención, aumentar el monitoreo climático y preparar protocolos de respuesta ante incendios forestales, escasez hídrica y posibles daños en la producción de alimentos.
La posibilidad de un nuevo episodio intenso de El Niño revive el recuerdo de la crisis climática de 2014, considerada una de las más severas que sufrió Guatemala en décadas. En aquel momento, extensas regiones permanecieron más de cuarenta días sin lluvias, con consecuencias devastadoras para la agricultura y el abastecimiento de agua.
La reducción de cosechas golpeó especialmente a las familias rurales más pobres, muchas de las cuales todavía enfrentan condiciones de inseguridad alimentaria. Organismos internacionales han advertido en reiteradas ocasiones sobre la vulnerabilidad creciente de Centroamérica frente a los fenómenos climáticos extremos.
Datos de Naciones Unidas estiman que alrededor de 13 millones de personas viven en situación de inseguridad alimentaria en el Corredor Seco centroamericano, una problemática agravada por las sequías recurrentes, la inflación y el aumento del precio de los alimentos.
Las autoridades guatemaltecas aseguraron que mantendrán vigilancia permanente sobre la evolución del clima y que coordinarán acciones con gobiernos municipales y departamentales para responder con rapidez ante posibles emergencias.
Además de los daños agrícolas, el aumento de las temperaturas genera preocupación por la posibilidad de incendios forestales y problemas de abastecimiento de agua potable en distintas regiones del país.
Mientras el clima extremo gana terreno en Centroamérica, Guatemala intenta anticiparse a un escenario que podría afectar a millones de personas y profundizar una crisis alimentaria que ya golpea a buena parte de la región.
Fuente: EFE
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