
Esta peligrosa estructura geológica se extiende a lo largo de más de mil cien kilómetros desde California hasta la isla de Vancouver. Los expertos advierten sobre la constante fricción existente entre la placa de Juan de Fuca y la masiva placa Norteamericana.
El último gran antecedente histórico ocurrió en el año 1700 provocando un poderoso tsunami que cruzó todo el Océano Pacífico. Los sismólogos estiman que existe una probabilidad importante de que acontezca un movimiento telúrico superior a la magnitud ocho.
La Agencia Federal de Gestión de Emergencias calculó que el desastre podría ocasionar unas trece mil muertes en la región afectada. Los modelos matemáticos proyectan además unos veintisiete mil heridos y millones de desplazados que necesitarán refugio de forma totalmente obligatoria.
Las infraestructuras costeras colapsarían debido a olas gigantescas que alcanzarían alturas estimadas entre los seis y los treinta metros. La Universidad de Washington identificó que el segmento territorial situado frente a Oregón presenta la mayor sensibilidad ante las rupturas.
Una expedición oceanográfica liderada por Suzanne Carbotte obtuvo la imagen tridimensional más nítida obtenida hasta la fecha sobre esta falla. Por otra parte un grupo de investigadores detectó emanaciones líquidas subterráneas a ochenta kilómetros de la costa del estado de Oregón.
El geólogo Evan Solomon explicó que este curioso fenómeno permite analizar directamente cómo influyen los líquidos en la estabilidad tectónica. Los científicos descubrieron que las placas no se desplazan uniformemente sino que experimentan desgarros fragmentándose de forma sumamente irregular.
La conocida zona de contacto denominada triple unión de Mendocino añade una enorme complejidad al preocupante panorama sísmico de California. Expertos de la Universidad de California identificaron al menos cinco piezas tectónicas bajo una intensa tensión acumulada durante décadas.
El término popular denominado Gran Terremoto designa a este evento destructivo esperado con gran temor por los habitantes norteamericanos. Los nuevos datos geológicos recopilados refuerzan urgentemente la necesidad de diseñar eficientes sistemas de alerta para proteger a la población.
