Después de los therians, llegan los “Hobby Dogging”: gente que pasea a perros invisibles

Una nueva tendencia gana visibilidad: el hobby dogging, personas que caminan con una correa vacía, simulan adiestramiento y buscan los beneficios del paseo sin tener mascota.

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Tras la controversia generada por los Therian, una nueva práctica comenzó a viralizarse en Europa y a despertar curiosidad en redes sociales: el llamado hobby dogging. La tendencia fue detectada con fuerza en Alemania y consiste en pasear con una correa sin perro.

Quienes la practican caminan por plazas, parques o espacios públicos como si llevaran una mascota real. Se detienen, dan órdenes, simulan premios y hasta realizan circuitos de agilidad. Sin embargo, al otro extremo de la correa no hay ningún animal.

En qué consiste el hobby dogging

A diferencia de los therians, que afirman identificarse de manera interna o espiritual con un animal, el hobby dogging no implica una identidad animal ni una performance permanente. Se trata de una recreación consciente de la rutina del paseo canino.

El objetivo no es adoptar ni cuidar un perro, sino reproducir la dinámica del paseo: caminar con disciplina, establecer horarios, practicar órdenes y generar una sensación de compañía simbólica. Para muchos participantes, la experiencia tiene un componente lúdico y también terapéutico.

En redes sociales circulan videos donde se observa a personas completar recorridos con obstáculos, marcar pausas y simular ejercicios de obediencia. La escena, que para algunos resulta excéntrica, para otros representa una forma alternativa de ocio urbano.

Algunos practicantes realizan circuitos de agilidad simulando el entrenamiento de un perro invisible.

Entrenadores pagos y profesionalización

Uno de los aspectos más llamativos es la participación de entrenadores profesionales que guían la actividad. En Alemania, la impulsora más conocida es Barbara Gerlinger, una instructora que diseña correas reforzadas con alambre para mantener la tensión, como si un perro tirara de ellas.

Durante las sesiones, los instructores indican postura corporal, tono de voz y manejo de la correa. La premisa es que, al no existir un animal real que marque el ritmo, la persona debe concentrarse en cada movimiento y en la coordinación del cuerpo.

Esta profesionalización sugiere que el hobby dogging va más allá de una simple broma viral. Responde a una demanda concreta de experiencias estructuradas que combinan ejercicio, disciplina y simulación.

Por qué surge esta tendencia

Entre los motivos más citados por los participantes aparece el deseo de salir al aire libre, establecer rutinas y socializar sin asumir la responsabilidad permanente que implica tener una mascota. El paseo funciona como excusa para ordenar el día y combatir el sedentarismo.

Algunos defensores sostienen que la práctica ayuda a mejorar la concentración y a reducir la sensación de soledad. Al reproducir un ritual cotidiano, se genera una estructura que aporta previsibilidad y foco mental.

También influye el contexto digital. Plataformas como TikTok e Instagram amplifican fenómenos marginales y los convierten en tendencias globales en cuestión de días. El hobby dogging encontró allí su principal vidriera.

Hobby dogging y therians: diferencias y debates

El auge del hobby dogging coincide con la exposición mediática de los therians, jóvenes que expresan una conexión identitaria con un “teriotipo” animal. Mientras los therians describen una vivencia profunda y persistente, el hobby dogging se define como una simulación voluntaria y temporal.

Ambas prácticas comparten un elemento central: la búsqueda de pertenencia y de expresión en espacios públicos y digitales. Sin embargo, sus fundamentos son distintos. En un caso se habla de identidad; en el otro, de experiencia recreativa.

Las reacciones están divididas. Algunos consideran que se trata de una excentricidad pasajera amplificada por internet. Otros lo interpretan como una forma creativa de ocio que no daña a terceros y que responde a nuevas formas de socialización urbana.

El auge del hobby dogging coincide con la exposición mediática de los therians, jóvenes que expresan una conexión identitaria con un “teriotipo” animal.

¿Moda pasajera o nuevo ocio urbano?

Especialistas en comportamiento social señalan que, mientras no afecte la convivencia ni derive en conductas problemáticas, el hobby dogging puede entenderse como una alternativa más dentro del abanico de actividades urbanas contemporáneas.

El fenómeno refleja cómo la frontera entre lo lúdico y lo identitario se vuelve cada vez más difusa en la cultura digital. Las redes no solo difunden tendencias: también moldean prácticas, rituales y formas de interacción.

Después de los therians, el hobby dogging confirma que internet sigue siendo un laboratorio social en tiempo real. Ya sea por curiosidad, necesidad de rutina o simple diversión, miles de personas experimentan nuevas maneras de ocupar el espacio público y de redefinir el concepto mismo de compañía.

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