
La rapera Nicki Minaj sorprendió hace unas semanas cuando, en una conferencia, reveló que estaba alineada con el discurso de Donald Trump, rompiendo con su opinión disruptiva, abanderada del colectivo y aparentemente progresista.
Con ella se desdibujó el relato luchador que había juntado a toda una comunidad progresista que ahora está viendo como Minaj ha pasado de ser una estrella del rap a ferviente partidaria del presidente de los Estados Unidos y que comparte las opiniones ultraderechistas del mandatario.
La última declaración que ha hecho al respecto ha sido este miércoles, cuando ha asegurado ser «probablemente la fan número 1 del presidente, y eso no va a cambiar», ha afirmado en un evento en Washington dedicado al lanzamiento de las «cuentas Trump» para los niños estadounidenses, a las que la cantante prometió ayudar de forma privada.
Y, respecto al alud de críticas de su propia comunidad cuando reveló que estaba alineada con el presidente, también ha aprovechado para asegurar que el odio o lo que dice la gente no le afecta en absoluto. «De hecho, me anima a apoyarlo aún más», ha concluido.
No es la primera vez que Minaj aparece en escenarios próximos al trumpismo. En noviembre, protagonizó una intervención sorpresa en la ONU para afirmar que «los cristianos eran blanco de ataques» en Nigeria, una acusación reiterada por Trump pero rechazada tanto por las autoridades del país como por observadores e investigadores.
Además, en otra conferencia del presidente ya había realizado declaraciones abiertamente tránsfobas, una línea totalmente opuesta a los mensajes que proyectó en sus primeros años de carrera con los que creó comunidad.
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