
Donald Trump firmó este jueves la carta fundacional de su Consejo de Paz, un nuevo organismo internacional que, según afirmó, trabajará en coordinación con las Naciones Unidas para resolver conflictos globales.
La ceremonia, celebrada en el marco del Foro Económico Mundial en la estación alpina suiza, contó con la presencia de líderes y cancilleres de 20 países que estamparon su firma en el documento, pero también evidenció una profunda división entre aliados tradicionales de Estados Unidos.
La iniciativa, que originalmente se enfocaba en el conflicto de Gaza, se ha expandido para abordar crisis en Ucrania, Venezuela, Irán y otros puntos calientes del planeta. Sin embargo, la inclusión de Rusia y Belarús entre los invitados ha generado fuertes resistencias, especialmente en Europa.
Entre los firmantes de la carta fundacional se encuentran el presidente argentino Javier Milei y su homólogo paraguayo Santiago Peña, quienes han mantenido una estrecha relación con la administración Trump desde su llegada al poder.
También participaron en el acto los presidentes de Indonesia y Kazajistán, además de los ministros de Exteriores de Marruecos, Arabia Saudita, Catar, Turquía y Jordania, conformando un bloque significativo de países musulmanes que han decidido respaldar la iniciativa estadounidense.
Un grupo de ocho países de mayoría musulmana emitió incluso una declaración conjunta apoyando el Consejo de Paz, señalando su disposición a trabajar en la resolución de conflictos regionales bajo este nuevo marco.
«Felicitaciones presidente Trump. La carta está ahora en vigor, y el Consejo de Paz es ya una organización internacional oficial», declaró en el acto Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca.
Trump hace oficial su Consejo de Paz https://t.co/EVU4PidlXj
— RT en Español (@ActualidadRT) January 22, 2026
‼️"Todos ellos son amigos míos. UN PAR ME CAEN BIEN, UN PAR, NO TANTO. Normalmente HAY DOS O TRES QUE NO SOPORTO. Pero aquí NO LOS VEO". pic.twitter.com/O4JOU77vGl
Según funcionarios de la Casa Blanca, aproximadamente 35 países se han comprometido de los cerca de 60 invitados. Los 20 firmantes iniciales incluyen:
Américas: Estados Unidos, Argentina, Paraguay
Europa: Hungría, Kosovo, Albania, Belarús, Armenia, Azerbaiyán
Medio Oriente: Israel, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Egipto, Catar, Turquía, Jordania, Bahréin, Marruecos
Asia: Indonesia, Pakistán, Kazajistán, Uzbekistán, Vietnam
«Estos de aquí son líderes que están en favor de la acción, porque Trump es un presidente de acción», afirmó en el acto el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.
El entusiasmo mostrado por algunos países contrasta con el rechazo frontal de las principales potencias europeas. Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Reino Unido, Noruega, Suecia, Dinamarca y Eslovenia han declinado la invitación, citando preocupaciones similares.
El Reino Unido fue especialmente claro en su postura. La secretaria de Exteriores británica, Yvette Cooper, declaró: «No seremos firmantes hoy, porque esto es un tratado legal que plantea cuestiones más amplias, y tenemos preocupaciones sobre que el presidente Putin forme parte de algo que habla de paz» mientras la invasión a Ucrania continúa.
Las principales objeciones europeas se centran en tres puntos:
Francia, Alemania y otros aliados europeos han señalado que la iniciativa podría socavar la arquitectura de seguridad internacional existente y el sistema multilateral basado en la ONU.
La posición de las grandes potencias que no firmaron genera incertidumbre sobre la efectividad real del Consejo de Paz.
Rusia: Trump afirmó que el presidente Vladimir Putin ha aceptado la invitación, pero el Kremlin declaró que «está estudiando» los detalles de la propuesta. La postura oficial rusa permanece ambigua.
China: Pekín fue invitado pero no ha emitido respuesta pública. Su ausencia en la ceremonia de Davos es significativa.
Ucrania: El presidente Volodimir Zelenski recibió invitación pero muestra reticencias por la inclusión de Rusia. Kiev teme que el nuevo organismo legitime la posición rusa en el conflicto.
Canadá: Ha dado un «acuerdo en principio» pero rechaza pagar los 1.000 millones de dólares que cuesta la membresía permanente.
Otros países importantes como India, Australia, Japón, Corea del Sur y Suiza tampoco han confirmado su participación y mantienen sus posiciones en análisis.
Durante su discurso en Davos, Trump aprovechó para pasar revista a varios conflictos globales y lanzar advertencias directas.
Sobre Irán, el mandatario recordó los bombardeos estadounidenses a tres centrales nucleares iraníes el pasado 22 de junio, realizados para impedir que Teherán desarrolle armas atómicas. «No podemos dejar que eso ocurra», advirtió. «Irán quiere hablar, y hablaremos».
A Hamás le envió un mensaje contundente: debe deponer las armas «o será su fin».
Respecto a Venezuela, Trump reiteró que mantiene una «gran relación» con el gobierno de Delcy Rodríguez y presumió que el ataque del 3 de enero en el que fuerzas estadounidenses capturaron en Caracas a Nicolás Maduro bajo acusaciones de narcotráfico fue «asombroso».
También lanzó una crítica a España por no sumarse en una cumbre de la OTAN al objetivo de gastar un 5% del PIB en Defensa. «Quieren ir por libre y tendremos que hablar», advirtió.
Entre los invitados al Consejo de Paz figura el papa León XIV, lo que ha generado sorpresa y especulación sobre el papel que podría jugar el Vaticano en esta nueva arquitectura de paz global. Hasta el momento, la Santa Sede no ha confirmado su participación.
La membresía permanente del Consejo de Paz tiene un costo de 1.000 millones de dólares, una cifra que ha generado críticas sobre la privatización de la diplomacia internacional.
La estructura del organismo otorga a Trump el título de presidente vitalicio, una característica que ha levantado cejas en capitales europeas y generado comparaciones con esquemas autoritarios de gobernanza.
Funcionarios de la Casa Blanca defienden el modelo argumentando que permite decisiones rápidas sin la burocracia de organismos tradicionales como la ONU.
La creación del Consejo de Paz evidencia una reconfiguración de alianzas globales. Mientras países de Medio Oriente, algunos asiáticos y latinoamericanos apuestan por la iniciativa trumpista, las democracias occidentales tradicionales muestran escepticismo.
La participación de Hungría, el único país de la Unión Europea que firmó, refleja las tensiones dentro del propio bloque europeo entre Viktor Orbán y el resto de líderes comunitarios.
La inclusión de Belarús, considerada por Occidente como cómplice de la invasión rusa a Ucrania, añade otra capa de controversia al nuevo organismo.
Aunque Trump afirmó que el Consejo de Paz trabajará «en coordinación» con las Naciones Unidas, muchos analistas temen que termine compitiendo con el sistema multilateral establecido tras la Segunda Guerra Mundial.
La ONU no ha emitido comentarios oficiales sobre la iniciativa, pero diplomáticos bajo anonimato han expresado preocupación por la creación de estructuras paralelas que podrían fragmentar aún más los esfuerzos de paz globales.
El éxito del Consejo de Paz dependerá en gran medida de si logra atraer a las potencias que hasta ahora permanecen al margen. Sin China, sin la mayoría de Europa y con Rusia y Ucrania en posiciones inciertas, el alcance real del organismo para resolver conflictos globales queda en entredicho.
Por ahora, Trump cuenta con 20 firmas y la promesa de otras 15. Falta ver si ese número será suficiente para cambiar el orden internacional o si terminará siendo otro capítulo en la erosión del multilateralismo tradicional.
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