
El 1 de mayo de 2015 es, para muchos, apenas una fecha más en el calendario. Para los salvadoreños, en cambio, marca el punto de partida de una transformación profunda del Centro Histórico de San Salvador, que por entonces estaba saturado de ventas callejeras, colapsado por el tráfico y el transporte colectivo, y convertido en un lugar que muchos evitaban por temor a ser asaltados.
Ese día asumió como alcalde de la capital Nayib Bukele, quien venía de aplicar un proceso similar en un municipio más pequeño, Nuevo Cuscatlán, en el departamento de La Libertad. El desafío en San Salvador era mucho mayor: no solo el comercio informal se había apropiado de las calles, sino también las pandillas, que cobraban extorsiones a negocios grandes y pequeños, y utilizaban el centro como punto de venta de mercadería proveniente de robos.
A ese escenario se sumaba el caos del transporte colectivo. Las unidades circulaban por las principales arterias del centro y los transportistas, organizados en diversas asociaciones, ejercían una fuerte presión sobre las autoridades, al punto de paralizar el servicio y dejar a los ciudadanos sin movilidad.
Diez años después, el panorama es muy distinto. El Centro Histórico de San Salvador se encuentra entre los lugares más visitados del país, tanto por turistas nacionales como extranjeros. Según la Autoridad del Centro Histórico (APLAN), el año 2025 cerró con al menos 40 nuevas inauguraciones de negocios en la zona.
La gestión comercial en esta parte de la ciudad alcanzó los 177 millones de dólares, de acuerdo con datos oficiales. APLAN sostiene que cuenta con lineamientos para evitar la concentración excesiva de establecimientos del mismo rubro y, al mismo tiempo, facilitar el acceso a incentivos para nuevas inversiones.
Entre los beneficios otorgados se incluyen la exención del impuesto sobre la renta por hasta diez años y la eliminación de tasas municipales. Estas medidas buscan consolidar un desarrollo ordenado y sostenible del Centro Histórico.
Lo que hoy aparece como un proyecto atractivo para turistas locales y extranjeros comenzó en 2015 y ha mantenido una línea de continuidad, con el objetivo de que la ciudad recupere parte del brillo que tuvo décadas atrás, antes de que decisiones políticas la transformaran en un gran mercado informal y en una zona percibida como insegura.
Muchos salvadoreños que hoy recorren el centro relatan cómo era la ciudad en el pasado y el contraste con la situación actual. Cabe recordar que parte de la infraestructura fue severamente dañada por el terremoto de 1986, que dejó inutilizables numerosos edificios.
Actualmente, APLAN verifica que los inmuebles donde se instalan nuevos negocios cumplan con las condiciones estructurales y de seguridad necesarias para atender al público. Para los capitalinos, resulta llamativo ver abrir restaurantes, cafeterías y tiendas en el centro, algo que hasta hace pocos años parecía impensable debido al nivel de desorden existente.
Los vendedores informales fueron reubicados en mercados formales y, de manera progresiva, se despejaron espacios ocupados de forma irregular, incluso en casos donde se había construido infraestructura sin autorización.
El cambio ha sido tan profundo que una parte significativa de los 4,1 millones de visitantes que llegaron a El Salvador en 2025 recorrió el Centro Histórico, visitó sus edificios patrimoniales, la moderna Biblioteca Nacional o simplemente caminó por sus plazas para tomarse fotografías.
De cara a 2026, la Autoridad del Centro Histórico prevé la llegada de nuevos emprendimientos al área revitalizada, que todo indica seguirá consolidándose como uno de los principales polos de atracción turística del país.
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