Joven que invadió una jaula de leona padecía de esquizofrenia

La consejera tutelar denunció que las autoridades lo dejaron desamparado al cumplir la mayoría de edad

Gerson de Melo Machado, un joven de 19 años, murió brutalmente. Había invadido la jaula de una leona en el parque zoobotánico de João Pessoa, Brasil. Machado, que padecía esquizofrenia como su madre, tenía el sueño de viajar a África para domar grandes felinos. Eran cerca de las diez de la mañana cuando escaló un muro de seis metros con gran agilidad. Superó los paneles protectores de la jaula y descendió por una palmera tranquilamente hasta el interior.

La leona, llamada Leona, estaba tumbada al sol. Se levantó en cuestión de segundos y atacó al joven sin piedad. Conocido como Vaqueirinho, Machado se crio en la red pública de acogida. Tuvo que abandonar el sistema al cumplir la mayoría de edad. Varios profesionales que lo trataron han denunciado públicamente su completo desamparo. Un funcionario penitenciario lamentó que era una «tragedia anunciada» para el joven.

Una consejera tutelar afirmó que Gerson necesitaba tratamiento psiquiátrico en lugar de estar entre rejas. La consejera, Verónica Oliveira, conoció a Machado a los diez años. La policía lo encontró vagando por una autopista sin rumbo alguno. Su madre había perdido la custodia de sus cinco hijos por padecer una esquizofrenia grave. Machado no consiguió una nueva familia de acogida porque ya mostraba indicios de la enfermedad mental.

Soñaba con ir a África

Él decía que oía voces constantemente, según la consejera que seguía su caso. La profesional recordó que Machado no tenía ninguna noción real de riesgo vital. Una vez la llamaron de un aeropuerto porque lo encontraron encaramado en el tren de un avión. “Ya de pequeño decía que iba a ir a África de safari para domar leones”, según el testimonio de Oliveira.

La consejera tutelar denunció que las autoridades lo dejaron desamparado al cumplir la mayoría de edad. Su ciudad carece de un albergue adecuado para trabajar su autonomía y hacer seguimiento profesional. «Al cumplir los 18, lo dejaron a su suerte», entrando y saliendo del sistema penitenciario. Cometía pequeños delitos que lo llevaban a la cárcel, donde recibía tratamiento breve.

Un funcionario carcelario que lo trató recalcó que el joven Machado se comportaba como un niño de cinco años. Necesitaba mucha más ayuda de la que podían brindarle en prisión. Machado acudió a los servicios sociales buscando tratamientos psiquiátricos que no lograba seguir con constancia. “Era una tragedia anunciada. Vaqueirinho, sin el tratamiento necesario, sin seguimiento, en la calle», lamentó el funcionario.

El caso ha generado un debate sobre la urgente atención a los enfermos mentales. Pone en relieve la extrema vulnerabilidad de personas como Machado. La impotencia de quienes siguieron su trayectoria vital contrasta con los esmerados cuidados que ahora recibe la leona. El zoológico explicó que cumplían con todas las medidas de seguridad requeridas. La leona, asustada, fue confinada sin necesidad de dardos tranquilizantes.