
Estados Unidos inicia el horario de invierno en 2025, un momento que muchos esperan con alivio, pues implica una hora más de descanso el domingo 2 de noviembre, cuando los relojes deberán atrasarse a la 1:00 a.m., marcando el fin del horario de verano.
Aunque la mayoría de dispositivos electrónicos realizan el ajuste automáticamente, es clave que quienes usan relojes analógicos, electrodomésticos o aparatos sin conexión a internet lo cambien manualmente la noche del sábado, para despertar con la hora correcta.
El objetivo principal de este cambio al horario de invierno es aprovechar mejor la luz natural durante los meses más oscuros del año, ayudando a que amanezca más temprano, lo que favorece las actividades matinales y la seguridad vial. Esta modalidad, aunque ha sido objeto de debate, está en vigor en EE.UU. desde la reforma de 2007.
No todos los estados aplican el horario de invierno. Hawái y la mayor parte de Arizona son las excepciones más conocidas, al igual que territorios como Puerto Rico, Guam y las Islas Vírgenes de EE.UU., que mantienen un horario constante todo el año
Cambiar de horario puede parecer un trámite menor, pero para muchos tiene implicaciones reales en su ritmo de vida. Expertos advierten que estas modificaciones pueden alterar los ritmos circadianos, afectar la concentración, e incluso aumentar el riesgo de accidentes de tránsito. Al mismo tiempo, la hora extra de sueño que puede resultar del cambio representa una oportunidad para mejorar los hábitos de descanso.
