
La madrugada de este sábado falleció Geobel Damir Ortiz Ramírez, un niño cubano de 10 años que había sido trasladado desde la isla a Miami en busca de un tratamiento médico que nunca recibió en su país. Su muerte no solo ha conmovido a la comunidad cubana en el exilio, sino que ha reabierto un doloroso debate sobre las fallas estructurales del sistema de salud en Cuba, donde un diagnóstico erróneo y la falta de medicamentos agravaron su condición hasta llevarlo a una sepsis irreversible.
Damir padecía neurofibromatosis tipo 1, un trastorno genético que provoca tumores en el sistema nervioso. Sin embargo, en Cuba los médicos lo diagnosticaron inicialmente con leucemia aguda y le administraron quimioterapia sin confirmar la enfermedad.
«Le dieron quimioterapia sin estar seguros. Mientras su cuerpo se debilitaba, su verdadero diagnóstico seguía sin atenderse», denunció el doctor Alexander Jesús Figueredo, uno de los médicos que lo trató en Estados Unidos.
Cuando finalmente logró salir de Cuba el 12 de marzo, gracias a una visa humanitaria y una campaña de recaudación de fondos, los médicos en el Nicklaus Children’s Hospital de Miami descubrieron que, además del error en el diagnóstico, Damir sufría infecciones bacterianas severas no detectadas en la isla. Su estado era tan crítico que, a pesar de los esfuerzos, falleció por un shock séptico.
Eliannis Ramírez, madre de Damir, no ha dudado en señalar a las autoridades cubanas como responsables de la tragedia. En una conferencia de prensa en Miami, afirmó:
«A mi hijo lo estaban dejando morir. Protesté frente al Ministerio de Salud Pública (MINSAP) en 2023 porque sabía que no lo estaban tratando bien. Pero nadie hizo nada».
Ramírez fue una de las ocho madres que en noviembre de 2023 se manifestaron frente al MINSAP exigiendo mejor atención médica para sus hijos. Su lucha, sin embargo, no fue suficiente para evitar lo peor.
El Ministerio de Salud Pública de Cuba (MINSAP) emitió un comunicado defendiendo la atención brindada en el Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez y culpando a la madre por «interferir en el tratamiento». El vocero oficial Humberto López calificó las denuncias como parte de una «campaña de difamación contra la medicina cubana».
Sin embargo, médicos independientes y activistas han señalado que el caso de Damir no es aislado. Diasniurka Salcedo Verdecia, una activista que ayudó a gestionar su traslado, declaró:
«Damir llegó a EE.UU. con dos bacterias que lo tenían al borde de la muerte. En Cuba no las detectaron, y cuando por fin recibió atención especializada, ya era tarde».
El caso de Damir refleja un patrón recurrente en Cuba:
«Esto no es un error, es negligencia sistemática», afirmó Avana de la Torre, otra activista. «Damir no murió por su enfermedad, sino por una infección que contrajo en un hospital cubano».
La muerte de Damir ha generado una ola de indignación:
Mientras su familia prepara su funeral en Miami, la pregunta que queda en el aire es: ¿Cuántos niños más tendrán que morir antes de que el mundo actúe?
Damir Ortiz se convierte en un símbolo de las víctimas de un sistema que, en lugar de salvar vidas, las condena. Su historia no debe olvidarse.
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