
La comunidad de Las Malvinas, en Guayaquil, veló y enterró a los cuatro niños desaparecidos y asesinados tras su detención por militares el pasado 8 de diciembre. Los cuerpos calcinados fueron hallados en Taura, cerca de una base militar, y confirmados por la Fiscalía. El caso conmocionó a Ecuador y desató indignación en el sepelio, donde vecinos y familiares exigieron justicia y verdad.
Los menores, Josué Arroyo, Ismael Arroyo, Steven Medina y Nehemías Arboleda, de entre 11 y 15 años, fueron detenidos al concluir una práctica de fútbol. La comunidad los recordó como jóvenes alegres, participantes en actividades deportivas y parroquiales. Durante el velorio y la procesión hacia el cementerio, los gritos de “Queremos justicia” y “No están solos” se mezclaron con rezos, lágrimas y emotivos mensajes de amigos y familiares.
El Gobierno ecuatoriano ofreció trabajar por la verdad y garantizar un debido proceso, mientras 16 soldados involucrados están bajo prisión preventiva para investigaciones. Activistas de derechos humanos denunciaron el caso como un ejemplo de abuso de autoridad, discriminación y perfilamiento racial por parte de las fuerzas de seguridad.
La indignación alcanzó a políticos, alcaldes y grupos sociales, quienes expresaron su consternación y decretaron luto en instituciones públicas. En la procesión, que recorrió la vía Perimetral hasta el cementerio, participaron vecinos y activistas que acompañaron a las familias, reafirmando el clamor colectivo por esclarecer los hechos y castigar a los responsables.
El sepelio se convirtió en un acto de resistencia comunitaria, reflejando el dolor y la exigencia de justicia de un barrio golpeado por la tragedia. Las voces de amigos y familiares prometieron no descansar hasta limpiar el nombre de los menores y evitar que este crimen quede impune.