
La algarabía ha dado paso al silencio en un bulevar comercial de la ciudad mexicana de Culiacán (noroeste), sitiada y con su economía herida desde hace casi tres meses por una guerra entre narcotraficantes que deja cientos de muertos.
«La vida en Culiacán prácticamente feneció», dice a la AFP el chef Miguel Taniyama, dueño de este restaurante de comida méxico-japonesa, quien batalla para pagar servicios, renta y sueldos ante la falta de clientes.
La guerra explotó el 9 de septiembre, tras revelarse detalles sobre la rocambolesca captura de Zambada, presuntamente secuestrado y llevado en un avión privado a Nuevo México (Estados Unidos) por Joaquín Guzmán López, hijo del «Chapo», el pasado 25 de julio.
Y el balance sigue empeorando. Trece personas murieron durante la noche del miércoles al jueves, informó la prensa local citando a un responsable de seguridad, Leoncio Pedro García Alatorre. Un restaurante Sushi Ranch fue atacado.
El martes, cinco cuerpos fueron encontrados frente a la Universidad autónoma de Sinaloa. «Las clases de este jueves se llevarán a cabo de manera virtual» por razones de «seguridad», anunció la universidad.
Incluso, en plena escalada, el club de fútbol profesional Dorados de Sinaloa, que llegó a ser dirigido por el astro argentino Diego Maradona, se mudó momentáneamente a Tijuana a fines de octubre.
Hoy los meseros pasan horas en las puertas de los negocios esperando comensales.
«Hay compañeros que se rinden y tiran la toalla», comenta el chef Taniyama, de 54 años, que junto con otros empresarios pide ayudas como la suspensión del cobro de impuestos.
Cristina Ibarra, presidenta del Colegio de Economistas de Sinaloa, compara el «paro técnico» en este estado agrícola con los cierres ocasionados por la pandemia de covid. De hecho, algunas empresas volvieron al teletrabajo.
«Va a ser más difícil recuperar la actividad económica en las zonas turísticas», sostiene Ibarra, al señalar que las personas no pueden trabajar libremente (…) porque se encuentran en constante peligro».
La economía de Sinaloa basa su dinamismo en el comercio y los servicios, especialmente de restaurantes y hoteles.
La violencia se mantiene pese a que Culiacán es hoy un teatro de operaciones militares, con patrullajes continuos y enfrentamientos con grupos criminales.
El pasado 23 de octubre, soldados mexicanos abatieron a 19 presuntos delincuentes durante un enfrentamiento, anunció la Secretaría de Defensa.
Fue un respiro para los sinaloenses, que armaron una fiesta a plena luz del día en la principal avenida de Culiacán, animada por mariachis y bandas. Para Taniyama, fue una inyección de optimismo.
«Teníamos setenta días encerrados, con miedo, con terror; hoy rompimos eso (…), hoy volvemos a vivir», expresó el chef ante una multitud.
Pero no hay alivio para la familia de los desaparecidos. «¡Ya, por favor! ¡Quiero a mi hijo de vuelta!», dice sollozante Rosa Lidia Félix, de 56 años, quien no sabe nada de José Tomás, de 28, desde el 1 de noviembre.
Con información de la agencia de noticias: AFP